El precio del suelo urbano también baja

En estos momentos siguen apareciendo evidencias de la crisis inmobiliaria que se viene padeciendo en los últimos tiempos. En esta ocasión, ha sido el precio del suelo el que se ha visto afectado por la situación.

Según la información publicada por el Ministerio de Vivienda el precio del suelo sobre fincas urbanas habría caído una media del 7,7 por ciento durante los tres primeros meses del año, hasta situarse en 250,90 € por metro cuadrado. Estas cifras representan los valores que se reflejaban entre los años 2004 y 2005.

Esta evolución se ha producido en un total de 26 provincias, y entre las que la devaluación ha sido mayor se encuentran Ciudad Real, La Rioja, la Comunidad Valenciana y Cataluña, todas ellas con decrementos superiores al 10 por ciento.

La publicación de este dato hace preveer un descenso, también, en el precio de la vivienda, que se manifestará a lo largo de los próximos meses. Parece que los problemas en el sector inmobiliario continúan y, por otra parte, tampoco se vislumbra ningún atisbo de cambio en un futuro inmediato.

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Plazas de garaje: un negocio seguro

El mercado inmobiliario de las provincias que rodean la capital comenzó a beneficiarse hace algunos años del efecto ‘periferia madrileña’, sirviendo de alternativa a las personas que, aún teniendo su puesto de trabajo en Madrid, no podían ser propietarias de una casa en la misma ciudad. Seguramente, esto explica porque el alquiler de una plaza de garaje en cualquiera de estas localizaciones no dista mucho de los precios que se manejan en Madrid. Por poner un par de ejemplos, en Toledo, una plaza en el barrio de Buenavista, cuesta 60 euros al mes, mientras que en el centro de Guadalajara, nuestro coche estará seguro por el módico precio de 80 euros al mes.

En otras comunidades autónomas, la cosa pinta por el estilo. Si vives en Asturias, siempre será más barato alquilar un lugar donde mantener alejado tu coche de los cacos en Avilés, donde una plaza en el centro de la ciudad cuesta 45 euros al mes, que en Gijón, donde el aparcamiento más económico tiene un precio de 60 euros al mes.

Del norte damos un salto triple mortal y nos plantamos en sur el, concretamente en Jaén, donde en un pueblo con el seductor nombre de Alcantarilla, hallamos un rincón para aparcar el coche por apenas 35 euros al mes.

Una inversión a medio largo plazo

El negocio de las plazas de aparcamiento constituye una inversión-refugio para las empresas inmobiliarias ahora que estamos en tiempos de crisis. Así, la diversificación de producto forzosa a la que se ven obligadas muchas compañías del sector inmobiliario, no sólo podría centrarse en oficinas, hoteles y naves logísticas, sino que también podría apuntar a pequeños salvavidas económicos como las plazas de garaje, hasta ahora patito feo del sector.

La patronal Asesga, ha publicado hace poco el ‘Libro Blanco del Sector del Aparcamiento y Garaje’ en España. Entre otros datos, el estudio indica que a día de hoy existen 1,2 millones de plazas de aparcamiento en todo el territorio nacional que generan un volumen de negocio cifrado en 1.200 millones de euros. Además, las plazas de aparcamiento son las responsables de 12.000 empleos

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La ciudad como personaje cinematrografico

La ciudad,  esa unidad urbana común a todos los seres humanos,  juega un interesante papel en sus habitantes;  tanto a nivel individual como colectivo.  La ciudad tiene un metabolismo extraño. Nace como consecuencia de la agrupación de personas;  depende de ellas.  Mas, llega un punto,  en alguna parte del tiempo,  que la dependencia se invierte.  La ciudad que nos necesitaba tanto para ser, para existir,  se convierte en nuestra única forma de vida;  tal como debe haberle pasado alguna vez a las criaturas unicelulares,  quedamos condenados a ser parte de la «simbiosis urbana» para sobrevivir.  Sentimos que sólo en la urbe podemos realizarnos. Dejar la ciudad se vuelve en una contemporánea versión del ostracismo.


La ciudad no requiere de artistas para nacer, sólo requiere de seres humanos.  Sin embargo,  aquellas ciudades que se han originado con la intervención de mentes sensibles a la estética son las que logran prevalecer aún más allá de tiempo y de sus habitantes. Versalles, Venecia, la Ciudad Prohibida, Brasilia y Chandigarh son alguno ejemplos de lo expuesto.

No nos equivocamos entonces, cuando afirmamos que la ciudad juega un papel mucho más profundo en nuestras vidas, que el de un simple escenario para la cotidiana dramatización de nuestras vidas.  La ciudad nos influye, interactúa con nosotros,  nos detiene o nos catapulta a la realización de nuestros sueños.  Más que un espacio,  la ciudad es un personaje en nuestras vidas.

Como tal, la ciudad siempre mantiene una presencia latente en las  artes narrativas,  confrontando o apoyando a los personajes de aquellas historias de ficción, que nos ayudan a desintoxicarnos de la mundana realidad.  Son en mi opinión el cine y la literatura las expresiones artísticas que mejor reflejan la relación de la ciudad con el ciudadano.  En este post, me permitiré divagar sobre el papel que juega la ciudad en la narrativa dinámica sobre la gran pantalla plana,  una de las expresiones que más intensamente ha plasmado este papel de las urbes en nuestras vidas.

metropolis

Es casi un ritual  el empezar hablar de la ciudad en el cine, y mencionar a «Metrópolis«, de Fritz Lang.  pero ahí no hay nada nuevo que decir.  «Metrópolis» es una caricatura profética de la «Megápolis» de hoy (si hubiesen inventado ese término antes, posiblemente la obra de Lang se habría llamado así: «Megápolis»). Rascacielos, congestión y concentración de multitudes. Obviamente, hay mucho de ingenuidad en ella;  tal como corresponde a las ingenuas aspiraciones futurísticas de la época.

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El presidente de la comunidad de propietarios

La presidencia de la Junta en una comunidad de propietarios acostumbra a ser un cargo de suerte controvertida, del que muchos huyen como si se tratase de una plaga, y que otros persiguen con tenacidad como si fuera un sillón de ministro, de consejero o de concejal. En efecto, muchos propietarios en las comunidades, cuando se les acerca el turno rotatorio que les obliga a ejercer como presidente de la Junta durante un tiempo determinado, tratan de idear mil argucias y pretextos que puedan ayudarles a librarse de una carga que les parece poco apetecible. No obstante, no debemos olvidar que el nombramiento de presidente es de carácter obligatorio y, en la mayor parte de los casos, no es tan fácil librarse de él.

El presidente de la Junta en la Comunidad de Propietarios es nombrado entre los distintos titulares de las viviendas a través de elección o mediante turno o rotación, según pueda disponerse en los estatutos o en el título constitutivo de la propia comunidad. Cuando ha de hacerse por elección y no hay candidato alguno, lo normal será acudir al mencionado turno rotatorio. En caso claramente justificado o de fuerza mayor, si el propietario no desea ser obligado por sus convecinos a asumir la presidencia de la comunidad, podrá pedir ante el Juzgado de Primera Instancia dentro del mes inmediatamente siguiente a su acceso al puesto, ser eximido de tal obligación argumentando a tal fin las razones que le asistan. En este último supuesto, el juez, mediante de un sencillo procedimiento designará a otro propietario que deberá sustituir, en su caso, al Presidente que renuncia al cargo hasta que se proceda a un nuevo nombramiento. De la misma forma, habrá que acudir al juez cuando las cosas se pongan difíciles y resulte totalmente imposible designar a un nuevo presidente de la comunidad.  Por suerte, no es obligatorio nombrar vicepresidentes y esto puede suponer no añadir más problemas en situaciones como las descritas con anterioridad. En el caso de que se considere necesario tener vicepresidente/s en la Junta de comunidad, su nombramiento se realizará de la misma manera que se hace para designar presidente.

El presidente tiene la obligación de representar a la comunidad de propietarios en aquellos casos en que sea preciso, es decir, ante empresas proveedoras (electricidad, agua, limpieza, mantenimiento de ascensores, etc.) y ante instancias de la Administración Pública, como pueden ser el ayuntamiento o la comunidad autónoma en determinados casos. Además, es frecuente que tengan que dedicar parte de su tiempo libre a escuchar a los vecinos, hacer gestiones ante terceros para el buen funcionamiento de los servicios comunes, etc. Lo más curioso del caso, como antes mencionábamos, es que mientras la mayor parte de los propietarios suelen tratar de eludir el cargo o recibirlo de mala gana, también hay otras personas que ven con agrado asumir las cotas de protagonismo que reporta la presidencia, aunque estas puedan ser irrelevantes o ridículas para la mayoría. Como hace años dijera Juan Belmonte, “hay gente para todo”.

Vía: enormo

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Revalorización y depreciación de las viviendas

Voy a empezar poniendo un ejemplo sencillo: si yo me compro un coche, resulta que al cabo de 5 años (por ejemplo) mi coche vale menos. ¿Por qué? Porque las piezas están más desgastadas, hay más probabilidad de que el coche se estropee, tengo que hacerle más revisiones, etc. Además de eso, hay que sumarle que hay nuevos coches en el mercado más modernos, más bonitos, más rápidos, que se estropean menos y que también consumen menos, y el mio ya no mola tanto como antes. Por lo tanto (exceptuando algunos casos como por ejemplo los coches históricos) un vehículo es un bien que se deprecia en el tiempo, luego una mala inversión. Lo mismo sucede si me compro unos vaqueros, una televisión, unos esquíes o una lancha motora, que se deprecian al cabo del tiempo, lo venderé más barato de lo que a mí me ha costado.

¿Qué sucede cuando me compro una casa? Resulta que los materiales con los que está construida también se desgastan a lo largo de los años, el tejado, las paredes, puertas y ventanas se van depreciando con el tiempo, y es más probable que surjan averías. Además, van apareciendo nuevas casas en el mercado más bonitas, con mejores materiales, con piscina y pista de paddle, etc, que hacen que mi construcción valga menos con el tiempo. Sin embargo, cuando me compro una casa, estoy comprando dos cosas:

La construcción que se deprecia con el tiempo, y un pequeño espacio sobre la superficie del planeta Tierra, o lo que es lo mismo, un papel que me da derecho legalmente a decir que ese espacio del planeta es mio, y que nadie más puede entrar en él sin mi permiso (derecho de propiedad).

Si la construcción se deprecia al cabo del tiempo, entonces, las causas de la revalorización de los inmuebles hay que buscarlas solamente en ése papel que me da derecho a disfrutar de mi propiedad.

Resulta que ése papel tiene validez legal frente al resto de los ciudadanos, y en él está escrito que yo tengo en mi propiedad una superficie de X metros cuadrados en un lugar determinado de la geografía. Yo puedo vender ése papel al precio que a mí me de la gana, pero los metros van a seguir siendo X a lo largo del tiempo. Si los metros son los mismos a lo largo del tiempo, y la construcción se va depreciando, ¿por qué puedo vender el papel que dice que ese espacio es mío, a un precio más caro de lo que lo compré?.

Vamos a ir analizándolo con otro ejemplo:Juan vive en la ciudad A y Luis vive en la ciudad B. Ambas ciudades tienen una superficie de 1.000.000 de metros cuadrados y el mismo número de habitantes. Tanto Juan como Luis compraron hace cinco años un papel que dice que tienen en su propiedad 100 m2 en su ciudad, es decir, cada uno tiene 100/1.000.000 = 0,0001 % de su correspondiente ciudad.

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