La sostenibilidad en la arquitectura del futuro

El concepto de la sostenibilidad cada vez tiene una mayor difusión en nuestra sociedad, y como no podía ser de otra manera la arquitectura también se ve envuelta en esta tendencia.

Desde los orígenes de la humanidad, la construcción ha sido una de las actividades fundamentales de los hombres, en tanto que proporcionaba refugio de las inclemencias meteorologícas, y una ordenación del territorio para el desarrollo de las sociedades agrarias. En estas sociedades, la cultura popular ha sido capaz en muchos casos de provocar transformaciones del medio que hoy nos pasan desapercibidas puesto que no han inducido al deterioro o declive de este.

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Sin embargo fundamentalmente con la llegada de la revolución industrial, y la masificación de la población, las sociedades avanzadas nos hemos convertido en depredadoras del medio que nos rodea, lo que nos ha llevado a la necesidad de establecer regulaciones y conceptos para definir estas agresiones y la forma de frenarlas. De ahí surge la sostenibilidad, el análisis del ciclo de vida, los estudios de impacto ambiental, los estudios de integración paisajística,… conceptos y procedimientos que obligan a que, lo que antes se hacia de modo natural, ahora requiera de expertos para su análisis y definición de las medidas a tomar.

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Ciudad del conocimiento: arquitectos españoles diseñan una urbe sostenible en China

Hace unos días, el prestigioso arquitecto Norman Foster visitaba Madrid. Durante su estancia recordó la dúplice realidad del negocio de la arquitectura: «La construcción es una industria creciente. Se espera que crezca un 65 por ciento para 2020. Ahora genera 125.000 millones de dólares de ingresos y cuenta con más de un millón de trabajadores, de ellos 400.000 arquitectos, la mayor parte europeos. Sin embargo, en Europa la actividad sólo representa un dos por ciento de estos ingresos». Mientras no cambien las cosas por esta latitud, hay que «ir donde está la acción», dijo Foster.

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Mobiliario urbano productor de energía a través del subprograma INNPACTO.

FCC acoge hoy la primera reunión de trabajo del proyecto “Enercity” enmarcado en el ámbito de las smarts cities o ciudades inteligentes. Financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, a través del subprograma INNPACTO, en él participan el Centro Tecnológico CETEMMSA y FCC Energía y Sostenibilidad. El proyecto, presentado también en la reciente Smart City Expo World Congress de Barcelona, tiene un presupuesto global de 1.3 M€ y una duración de 40 meses.

Demostrador simulación banco urbano inteligente solar

El aumento tanto en población como en tamaño de las urbes implica un aumento de los retos medioambientales, ya que son las urbes las que requieren la mayoría de servicios energéticos. Así se estima que la demanda energética crecerá un 40% en 2030*. En concreto, el proyecto tiene como objetivo generar un producto fotovoltaico flexible para producir electricidad a través del mobiliario urbano de las ciudades. Esta energía, de bajo coste y no contaminante, deberá satisfacer las necesidades energéticas de los ciudadanos en el espacio urbano.

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Geotermia: el calor que almacena la tierra desaprovechado

En la actualidad se estima que para la climatización y producción de agua caliente hay sólo 150 megavatios térmicos instalados en el país. Es decir nada, o prácticamente nada, en comparación con los combustibles alternativos. Esta fuente permite cubrir el 75% de las necesidades de energía que demandará la vivienda durante toda su vida útil. La inversión se amortiza a los cinco o diez años y se evita el dolor de que suba la tarifa de la luz por quinto año consecutivo.

La tarifa de la luz se ha incrementado consecutivamente estos últimos cinco años. Y previsiblemente seguirá en esta línea de precio ascendente en los años venideros. Una medida para evitar que el bolsillo se resienta más aún si cabe es utilizar una renovable para reducir la factura de la electricidad. Y la única que al menos hoy funciona las 24 horas del día y los 365 días del año es la geotermia. Una fuente que aprovecha la energía almacenada en forma de calor bajo la superficie de la tierra para producir electricidad o calefacción. Hay de diversos tipos, y para muy diferentes fines. Así, mientras los de alta y media temperatura se utilizan para producir energía eléctrica, los de baja temperatura (los que se usan en el hogar), permiten aprovechar el calor del subsuelo para calentar y refrigerar la casa, según sea invierno o verano. El funcionamiento es sencillo, ahora con la llegada del frío, el calor del suelo se traslada al interior de la vivienda gracias a un circuito de intercambio de calor y una bomba de calor. En verano, el proceso es a la inversa.

Lógicamente, conlleva una inversión, pero ésta se amortizará antes de los 10 años. «No vamos a ocultar una realidad. La generación mediante geotermia es mucho más cara que colocar una caldera. Las perforaciones tienen un precio por las dificultades de perforar, introducir una sonda, rellenar con mortero especial etc. Es como si el gas cobrara de una vez el coste de la canalización hasta una vivienda. Pero la realidad es que esas perforaciones van a proporcionar, en una instalación perfectamente diseñada, el 75 por ciento de la energía que demandará la vivienda toda su vida útil, y el precio será fijo porque se paga el día inicial. Cuándo se amortizará dependerá del combustible con el que se compare y el uso que le demos al sistema», explica Carlos Pérez-Nievas, director de Expansión del Grupo Visiona.

La inversión también depende de si es anterior a la edificación o si se va a hacer después, si es un edificio de apartamentos, etcétera. Por ejemplo, una instalación geotérmica tipo para una vivienda de 150 metros cuadrados útiles, con un nivel de aislamiento térmico que cumpla, como mínimo, los valores exigidos por el Código Técnico de Edificación y que permita cubir las necesidades de calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria tendría un coste medio de unos 18.000 o 20.000 euros si contara con un intercambiador térmico mediante perforaciones verticales profundas, y de unos 15.000 y 17.000 euros contando con un intercambiador térmico mediante lazos horizontales a poca profundidad», detalla Bartomeu Casals, de Geotics Innova.

Amortización

La amortización de la inversión dependerá de los precios de los combustibles a los que sustituyen. «La amortización de una instalación en una vivienda con los precios actuales de los combustibles alternativos está alrededor de los cinco años, unas instalaciones se amortizan antes y otras después, pero más o menos ése es el período general», aseguran desde la sección de Geotérmica de la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA).  Similar opinión tiene desde el Consejo Europeo de Energía Geotérmica (EGEC). «Para una vivienda se amortizaría entre cinco y diez años, según los incentivos», asegura Philippe Dumas, responsable de EGEC.

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